La higuera


Para el día de hoy (24/08/09):
Evangelio según San Juan 1, 45-51

(Hacía poco tiempo que Jesús le había dicho a Felipe -Sígueme-.
Y Felipe lo siguió.
Y Felipe se entusiasma tanto, que no puede contenerse y corre al encuentro de su amigo Natanael -o Bartolomé, según una antigua tradición-.
Y le avisa que por fin -¡por fin!- ha encontrado a quien el pueblo esperaba desde hace tanto tiempo, y de quien Moisés y los profetas venían desde hace siglos anunciando su llegada...
¿Acaso no hay mejor regalo a un amigo que llevarle una buena noticia que colme sus esperanzas?

Sin embargo, Natanael replica entre escéptico y desconfiado: -¿Acaso puede salir algo bueno de Nazareth?-

Felipe no se arredra ante la duda, y le dice con palabras y corazón de amigo: -Ven y verás-

Natanael, con la mochila de la desconfianza al hombro, vá. Y Jesús, sin mediar presentación formal ni saludo, se poner a hablar de las virtudes del amigo de Felipe.
Estupefacto, Natanael atina a preguntarle al Maestro: -¿De dónde me conoces?-
-Antes que Felipe te llamara, yo ya te había visto debajo de la higuera-

Y con la escoba del amor impulsado por el Espíritu, Natanael barre sus dudas y escepticismos: -¡Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Dios de Israel!...

Probablemente, cada uno de nosotros tengamos una higuera en donde nos resguardemos del sol, nos retiremos a pensar o a orar, o simplemente sea el refugio que tengamos para huir de este mundo.

Así las cosas, aunque pretendamos ocultarnos, la mirada afectuosa y de amor ilimitado del Altísimo está sobre nosotros, buscándonos y esperándonos siempre.

Y no hay que temer: el Padre Bueno siempre tiene cerca algún Felipe que venga y nos haga reaccionar, para reconocer a Jesús como Señor y Maestro, para que reine en nuestras vidas)

Paz y Bien

3 comentarios:

Fray Marcos dijo...

Que privilegio el de Felipe, ¿no?

Un abrazo. Paz y bien.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

¡Un privilegio impresionante, Marcos! Y personalmente -a las piñas, claro, por cabeza hueca- he descubierto que el Maestro nos manda de continuo muchos felipes que nos insisten -Vengan y vean-. Un abrazo grande. Paz y Bien. Ricardo

Anónimo dijo...

Como siempre gracias por tus valiosas entradas, bendiciones.

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