Del hacerse niños


Para el día de hoy (13/08/11):
Evangelio según San Mateo 19, 13-15

(Seguramente, esos niños que traían ante Jesús eran llevados por sus madres.
Y la reprensión y la queja por parte de los discípulos no se correspondía solamente por el probable bullicio de los más chicos -al fin y al cabo, aún siendo pescadores, eran hombres muy acartonados-: el rechazo provenía porque tanto los niños como las mujeres no contaban, estaban ínfimamente ubicados más allá de todo margen.
Las cosas importantes -el Reino de Dios, el Mesías- eran cosas que sólo habían de tratar los hombres serios; seres periféricos e insignificantes como niños sólo estorbarían la implantación de las leyes divinas.

Y entonces el Maestro -que a nadie impide que se acerque a Él- hace brotar dos manantiales de agua viva, y trastoca aquellos preconceptos y condicionamientos sociales gravosos y trágicos, y se vuelve sorprendentemente revolucionario.

Los grandes señores, hombres demasiado adultos que sólo saben vestirse de seriedad y poder, han hecho pedazos este mundo que se nos ha regalado, la vida la han vuelto insostenible, injusta, floreciente en opresiones y carente de horizontes
Por ello, no se trata de invertir los sitiales de poder -los pequeños en lugar de los grandes- sino más bien de que los grandes se vuelvan pequeños, de que los que no cuentan ni a nadie importan se vuelvan el centro de toda comunidad.

¿Cómo volverse niños?
Seguramente no es una apuesta a la ingenuidad ni a la involución psicológica.
En la música del Reino, hacerse niños trae unas melodías maravillosas que nos hablan de recuperar la capacidad de asombro, la sencillez, la sonrisa.

Ojos plenos de asombro y felicidad al descubrir los regalos, esos regalos que a diario se nos entregan sin condiciones -por pura ternura y gratuidad- y que nos orientan la mirada al regalo mayor, la vida que se renueva en cada despertar)

Paz y Bien



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