Junto al pozo de Jacob










Domingo 3° de Cuaresma

Para el día de hoy (19/03/17):  

Evangelio según San Juan 4, 5-42



Extraña y asombrosa escena nos presenta el Evangelio para este día.

Históricamente, los samaritanos eran un pueblo mestizo producto de los judíos sobrevivientes de la destrucción del Reino del Norte y la colonización por parte de los pueblos ubicados por los asirios conquistadores en la región; ello provocó una mixtura cultural, social y también religiosa. Los samaritanos tomaban por libro sagrado la Torah -el Pentateuco-, y edificaron en el monte Garizim un templo en donde rendían culto a su Dios. 
En cierto modo, el templo del monte Garizim competía con el Templo de Salomón. Pero judíos y samaritanos se odiaban y despreciaban mutuamente con fervor, y de ese modo, ningún judío sería bien recibido en aldea samaritana, y a su vez los judíos evitaban circular por Samaría. Inclusive, de camino a Galilea, solían tomar una ruta mucho más larga a través de Transjordania evitando tierras impuras, más impuras que cualquier territorio gentil.

Aún así, a Jesús de Nazareth no le importa demasiado esas fronteras impuestas, esos límites que cercenan, los odios establecidos. No teme impurificarse por estar en Samaria, pero tampoco por hablar con una mujer, que para colmo parece tener una dudosa reputación. Ningún rabbí tradicional se adentraría por territorio samaritano ni conversaría con una mujer de cuestiones teológicas.

La hora es inconveniente e irrazonable: al mediodía en Palestina nadie sale a pleno sol ni hace esfuerzos físicos mayores. Pero para Cristo no hay horas buenas y malas para la Salvación.
En el pozo de Jacob beben personas y animales, por lo que el agua está sucia, contaminada, en contraposición con el agua viva de Cristo, pura, cristalina, vital.

No se puede aplacar la sed vital, la sed verdadera en las profundidades de todos los pozos mundanos, ni las seguridades en los falsos maridajes con el egoísmo, el poder, el dinero.
Sólo en las honduras de la persona de Cristo encontramos ríos de agua vida.

Esa mujer, en el diálogo sincero con el Señor encuentra al Mesías, un diálogo que es símbolo de la oración, hablarle a Cristo y escuchar su Palabra. Por eso ella se transforma, renovada y recreada, en misionera y evangelizadora de los suyos, portadora de la sed que importa y del camino al manantial de la eternidad que brota para todos los pueblos, todas las naciones, todas las gentes de buena voluntad.

Cuaresma es animarse también, a horas destempladas e inconvenientes, en los territorios prohibidos de nuestras miserias,a encontrarnos con ese hombre sencillo y humilde que es el Señor, nuestro Dios cercano que nos busca allí donde transcurre nuestra existencia cotidiana.

Paz y Bien

2 comentarios:

camino dijo...

Gracias.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Bendiciones. Que tenga una gran semana

Paz y Bien

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