Mesa de misericordia








Sábado de Ceniza 

Para el día de hoy (04/03/17) 

Evangelio según San Lucas 5, 27-32



Muy distintas eran las mesas en el tiempo del ministerio de Jesús de Nazareth.
Estaba la mesa de Herodes, donde se juntan los poderosos y se decide la ejecución de un inocente.
Estaba la mesa de los fariseos, los separados, los puros rituales que no admitían a ningún impar, es decir, a nadie que no fuera como ellos.
Estaba la mesa de los cambistas del Templo, en donde se comercializaba la piedad, especialmente la devoción de los pobres.
Estaba la mesa de los publicanos, en donde se recaudaban impuestos abusivos, los tributos en favor del ocupante imperial romano y en donde esos hombres a menudo extorsionaban a los obligados al tributo.

Pero estaba también la mesa de Jesús de Nazareth.
Comer era signo innegable de amistad, de fraternidad, de comunión, y en Cristo se revela el santo proyecto de Dios de ofrecer su perdón a todos sin excepción, reservar lugares para los que nadie invitaría, un Dios que sale al encuentro de los pecadores y se hace amigo, hermano, vecino que dice que sí, que todo es posible, que hay más, siempre hay más que una realidad a menudo tan oscura y tenebrosa.

Ciertos hombres rigurosos y expertos en señalar los errores ajenos -que no los propios- elevan su queja. Ese Cristo come con pecadores, con impresentables, con gente notoriamente impura que a su vez lo impurifica. Cristo es la expresión del amor y la Gracia de Dios que rompe todos los desórdenes establecidos en su nombre.
Los mismos que le criticaban y que se ensañarían contra Él buscando su muerte, sin darse cuenta reconocían su trascendencia y su soberanía, inclusive mucho más que aquellos que se limitaban a emocionarse con ciertas imágenes de bucólica bondad que dibujaban acerca de Él.

Por eso cuando la Iglesia es maltratada por las gentes que convida a su mesa, hemos de estar humildemente seguros de que permanece fiel al mandato del Evangelio, y eso lo podemos denotar cabalmente con las críticas que suelen arreciar contra el Santo Padre. Alabado sea Dios.

Quiera Dios que nuestras mesas se amplíen en la misma medida que se expanda la hondura de nuestro corazón y germinen los frutos de la fé y la conversión.

Paz y Bien

2 comentarios:

camino dijo...

Gracias, Señor, por esta explicación, al oír este santo evangelio esta mañana, yo pensaba que fuerza habría en la mirada de Jesús sobre Levis, para que él cambiara su vida inmediatamente, y lo dejara todo, yo siento un poco de miedo a esa mirada de Jesús, de perder mis seguridades, pero todo es gracias, eso creo, ¡verdad! gracias, por la luces que me permite descubrir.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Alabado sea Dios que nos permite confluir en la comunión de la Iglesia, que nos congrega en torno a su Palabra.

Dios le bengida con su Paz y su Bien

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