Señales interiores








Para el día de hoy (08/03/17) 

Evangelio según San Lucas 11, 29-32



Los fariseos en tiempo de Jesús de Nazareth poseían una religiosidad en la que la exterioridad es un factor crucial, y de ese modo necesitan señales espectaculares y maravillosas para sustentar su fé y, por lo tanto, su conversión.  Esos hombres, además, eran prejuiciosos y se irrogaban el derecho de exigirle al Maestro un signo de esas características que fuera fedatario de la bendición divina, pero ello también supone la idea de un Dios distante y escindido de todo que se manifiesta de manera rimbombante.

Aún así, en estos tiempos no se corre tanto el peligro fariseo sino uno mucho mayor, y es el de resignar cualquier señal de trascendencia, la posibilidad de encontrar en el mundo huellas de lo sagrado. Es la terrible faz de una secularización que se maquilla con razonabilidad, con ciencia y con propaganda pragmática, lo que es pretendidamente útil. Un mundo en el que no se puedan encontrar indicios de lo sagrado es un mundo en verdad espantoso que además justifica demasiadas inhumanidades.

Frente a todo ello, la Buena Noticia de Cristo renueva corazones y esperanzas.

Se trata de señales interiores, señales cordiales.
La condición humana del Señor, Dios humilde y pobre en esa aldea ignota de la periferia, un Cristo servidor de todos los hombres que en entera libertad y fidelidad al Padre asume la muerte para que nadie más muera, la cruz para que no haya más crucificados, Aquél que se muere y al que el Padre resucita de entre los muertos como señal definitiva de amor, de perdón y salvación.

En esta Cuaresma es menester también preguntarnos qué tipo de señales irradiamos, cuales signos encarnamos en una realidad a menudo tan digerida de antemano.

Paz y Bien

3 comentarios:

camino dijo...

Muy¿ buena pregunta, ¿Qué señal soy?, gracias.

Ricardo Guillermo Rosano dijo...

Es que muchos no leerán otro Evangelio que el de nuestro testimonio vital.

Gracias por su presencia y sus palabras

Paz y Bien

camino dijo...

Tiene usted razón, vaya responsabilidad que tenemos, gracias.

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